Sobre la sala de escape
Tras la muerte de su esposo en un accidente de coche fortuito, la señora Antonia Mondragón heredó la considerable fortuna de su marido. Al no poder tener hijos, decidió construir un orfanato para los niños más pobres de la ciudad. En 1952 el Chapultepec Mondragón abrió sus puertas en Colima 367, en la colonia Roma Norte de la Ciudad de México.
Siendo ya algo mayor, Antonia, también conocida como “la Tía Toña”, comenzó a perder la paciencia con los niños. Era sumamente piadosa y devota católica y no toleraba ningún comportamiento inapropiado. Los huérfanos empezaron a tenerle cada vez más miedo y a sospechar que los pocos niños que eran “adoptados” en realidad eran torturados y asesinados por ella para salvar sus almas.
Poco después, la señora Mondragón se suicidó de forma misteriosa y los niños desaparecieron. Los vecinos empezaron a reportar ruidos fuertes y gritos provenientes de la casa, pero cuando la policía entró no encontró nada fuera de lo común. La casa quedó finalmente abandonada, nadie quiso vivir ni trabajar en un lugar donde habían ocurrido tantas cosas indescriptibles, lo que permitió que se conservara relativamente hasta hoy.
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